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Muchos nos hemos hallado en alguna situación en el trabajo en la que nos dimos cuenta de que algo sospechoso ocurría. Es sabido que las empresas ocultan información a su público, ya sea porque obligan a sus empleados a firmar un acuerdo de confidencialidad para hacerlos callar con respecto a las prácticas del negocio o porque los amenazan con hacerles perder su empleo. A veces, los secretos sirven para asegurar que la empresa tenga una ventaja sobre los competidores o, en el caso de sitios como los parques de diversiones y Disneyland, para mantener la magia viva. Pero, en otros casos, se guardan secretos porque los dueños de las empresas saben que el público no apoyaría sus acciones.
Cuando salen a la luz secretos sobre discriminación o sobre un trato injusto hacia los empleados, los consumidores suelen boicotear o ensuciar el nombre de una empresa. Y está bien que así sea. Todos queremos saber hacia dónde va nuestro dinero y, si una empresa no se alinea con nuestra moral, no querremos darle un centavo más. Sin embargo, por desgracia, muchas empresas han dominado el arte de guardar secretos bajo llave, por lo que somos muy afortunados de contar con empleados que deciden hablar, como las personas presentadas en esta lista.
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Una gran parte de los libros de romance son redactados por un escritor fantasma y otra persona (usualmente, por lo que he notado, un hombre) los compra y los publica bajo el nombre de una mujer, con una biografía falsa.
¿Cómo lo sé?
Trabajo como escritor fantasma.
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De verdad, esto arregla el 99% de los problemas de las computadoras.
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La mitad del dinero que gano lo obtengo utilizando una herramienta que cuesta $50 y una habilidad que puede aprenderse en 20 minutos.
Edito: me refiero a la llave inglesa y a la habilidad de saber cómo desarmar e instalar grifos. Uso un desatascador común y uno en espiral para obtener casi todo el resto del dinero que gano. Ese “casi” es la razón por la que necesito todas las demás herramientas.
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Las pruebas de embarazo que nos mandan los doctores, que cuestan cantidades ridículas de dinero, son las mismas que puedes comprar en las tiendas comunes.
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Pero ¡jamás los revelaré! ¡De nada!
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Esto es una práctica totalmente normal y aceptada en la medicina.
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Luego de un tiempo, sentí que trabajaba para un traficante de drogas y dejé de recomendar nuestros juegos a la gente que conocía. Las personas se divertían con los juegos que hacíamos, pero no quería oír cuánto estas personas o sus hijos habían gastado en ellos.
