Para muchos niños, el colegio acaba siendo algo aburrido y repetitivo. Por eso no es de extrañar que se les ocurran constantemente formas de molestar a los demás o a sus profesores. Los pequeños actos de rebeldía o las tonterías contra la institución que es la escuela no son necesariamente malos, siempre y cuando haya un equilibrio entre la actuación y la educación.
Siempre hay al menos un profesor en la escuela que parece que sólo vive para regañar o castigar a los alumnos por hacer apenas nada. Pero eso no sólo cuenta para la escuela. También puede ser un miembro de tu familia o tu jefe. Así que, en cierto modo, la escuela te prepara para la vida y para tratar con gente real fuera de tu burbuja de seguridad.
En definitiva, la escuela es un lugar donde las personas se preparan para algunos aspectos importantes de su vida. Pero una parte del proceso de aprendizaje, la rebeldía o las travesuras ocasionales, no debería enfrentarse con una censura y una resistencia absoluta. Por el contrario, los profesores deberían centrarse en educar a sus alumnos, no en señalarles por razones oscuras y dar la lección por aprendida.





















