A veces da la sensación de que ciertas figuras de autoridad van a por ti. Pero no es paranoia. Algunas personas están tan insatisfechas con sus vidas, tan miserables y llenas de angustia que arremeten contra quienes las rodean.
Por desgracia, no existe un examen para comprobar a fondo si la persona que aspira a ser profesor es un ser humano completamente decente. Hay algunas manzanas podridas entre el montón de educadores empáticos y trabajadores.
Cuando alguien con aversión a los niños y a la educación se convierte en profesor, no se puede esperar nada bueno. Algunos individuos tienen una inteligencia emocional muy baja, y ven su papel en el aula como algo puramente técnico: haces el mínimo trabajo requerido, y te pagan.
Sin embargo, la enseñanza es mucho más que solo clases, tareas y calificaciones. Para algunos, la enseñanza es una vocación. Y no escatiman esfuerzos para mejorar la vida de sus alumnos. Ayudan a guiarlos. Les apoyan cuando están deprimidos. Entienden perfectamente la enorme responsabilidad que tienen sobre sus hombros. Y lo hacen de todos modos, incluso cuando están agotados, subestimados y reciben un salario inferior. A estos educadores es a quienes aplaudimos.
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