
Nadie dice que vender cosas con distinto diseño sea malo, ya que la gente tiene distintas preferencias y sería un aburrimiento si todo fuera marrón. Pero no es de extrañar que las mujeres se harten del color rosa y los estampados florales, ya que el marketing dice que es lo que deberían elegir, mientras que a los hombres les dan cosas de casi cualquier color.
Para adultos, que ya conocen bien sus preferencias, es superficial e infantil. Y si el diseño es a cuenta de la funcionalidad, como cuchillas de afeitar más frágiles, pasa de incómodo a insultante.
El caso opuesto es cuando necesitan que un producto ponga "para hombres" porque aparentemente no son lo bastante masculinos, como el jabón, el té o el pan incluso.
Es cierto que hay productos con distinción de género a causa de su forma o tamaño, o por requisitos nutricionales basados en el género. Pero incluso en esos casos ponen la etiqueta de "para hombres" o "para mujeres" en vez de resaltar esa diferencia de tamaño o beneficios nutritivos. Y eso solo sirve para confundir y avergonzar a la gente que no encaja con el producto que se supone que es de su género, porque nuestra química y proporciones pueden variar mucho sin necesidad de ser de distinto género.





















