¿Cuántas veces has dicho a tu hijo o sobrino “eres un bueno para nada”, “no seas tonto” o epítetos mucho peores?
Cuando los padres observan un comportamiento que no les gusta, ponen palabras al pensamiento y estos obedecen únicamente a un estado de ánimo, pero no somos conscientes del peligro que esto trae. Lanzarle insultos a un niño es enviarlo debajo de un árbol que lo condena a cumplir con los mismos adjetivos.
El niño que tiene un comportamiento disruptivo no es un niño malo. Simplemente no entiende aún el alcance de determinados lapsos relacionados con la abstracción, pero el método que intenta inculcar costumbres con insultos no es el más efectivo.
EFECTO PIGMALIÓN.
El cómo nos relacionamos con el mundo y la imagen que tienen de nosotros las personas que nos importan, especialmente a temprana edad, influye en demasía en nuestro autoconcepto. Cuando se etiqueta a un niño, el mismo crecerá con limitantes que encuadran el adjetivo que más les dolió de las personas a las que son más apegados y aunque esto no tenga que ver, pasan a ser designios que el niño tenderá a cumplir.
En 1965, Robert Rosenthal nos presentó el efecto Pigmalión, por el que las creencias y expectativas puestas en una persona influyen en su rendimiento. Si mi hijo tiene problemas para aprender y lo califico como vago, es probable que el niño asuma ese rol.
“Una profecía autocumplida es la predicción de que, puramente como resultado, causa el evento esperado y predicho y por tanto confirma su propia exactitud”.
Y veamos ¿qué sucede con el niño?
- Se siente infravalorado, afectamos su identidad y autoestima.
- El niño asumirá su rol y actuará como tal.
- Al etiquetar al niño únicamente potenciamos la conducta que deseamos erradicar.
- No se toma en cuenta cómo se siente. ¿Por qué actúa así? ¿Qué está pidiendo con este comportamiento? ¿Qué necesita para no comportarse así?
- Una etiqueta suele estar equivocada y resulta muy cruel para el niño, quien, casi con seguridad no comprenderá por qué los padres, su vínculo más cercano y seguro, le causan esos sentimientos tan dolorosos y profundos.
Es fundamental tener presente esto para valorar la posibilidad de que el niño simplemente tenga un obstáculo que impide su desarrollo, para esto, es menester recordar algo que muchos niños no sólo desean, sino necesitan: La motivación.
La motivación mantiene a la persona en caminos y metas concretas. Influye en enorme medida en el aprendizaje y determina su desarrollo. El mimarlos no tiene nada que ver con consentirlos, así como el agredirlos no tiene ninguna relación con educarlos correctamente, por el contrario, va muy lejos de lo que significa una educación integral de acuerdo a las necesidades de cada individuo.
“La motivación es la voluntad de aprender, entendido como un interés del niño por absorber y conocer el mundo que lo rodea".
-PIAJET-
¿QUÉ HACER CUANDO NO HAY MOTIVACIÓN?
- No etiquetar al niño, ya que calificar al niño encasilla su conducta.
- Reforzar positivamente cada pequeño logro y valorar su progreso
- Centrarnos en el proceso, más que el resultado. El niño se esfuerza a toda su capacidad cada oportunidad que tiene, así que motivarlos a esforzarse es más importante que en conseguir la meta y les ayuda a perder el miedo a intentarlo sin importar los resultados.
- Favorecer la comunicación: Es urgente entender que los niños no son seres inferiores, muchas veces van mucho más allá de nosotros mismos a la hora de cuestionar, responder y asimilar la información adquirida. Un niño es una esponja que te dará increíbles sorpresas si le permites expresarse sin que impongas tu forma y costumbres (Tal vez te ayude a cambiar costumbres negativas de ti mismo).
- Evitar gritos y palabras que conlleven connotaciones negativas. Si nuestros hijos comparten sus emociones y respondemos gritando, seguramente no lo volverá a hacer.
Son muchas más las formas y medidas que debemos tomar para que un niño desarrolle su verdadero potencial. Tratarle mal no ayudará a que se esfuerce más, por el contrario, su motivación caerá mucho más rápido y no mostrará disposición para emprender retos.
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El niño desarrolla las costumbres por imitación o por reafirmación



