La página "I Love Woodworking" tiene 118.000 seguidores en Instagram, y las fotos compartidas por la página realmente muestran lo versátil que es el material de construcción. Por supuesto, cuando eres un maestro artesano (¡y tienes la paciencia y las cicatrices para demostrarlo!), crear diseños tan impresionantes es simplemente una cuestión de tiempo, no de habilidad.
También creemos firmemente que, aunque tener las herramientas adecuadas para el trabajo es importante, no es lo que realmente importa. La imaginación, la perseverancia y las agallas son lo que ayuda a crear reliquias de madera. No importa si utilizas un martillo que te ha legado tu abuelo o uno muy caro fabricado con una aleación de titanio de alta tecnología. Las herramientas son importantes. Pero no son lo único importante.
Puede que la mayoría de nosotros no seamos maestros carpinteros (aunque conocemos a alguien que está construyendo un barco vikingo en secreto), pero hemos aprendido algunos trucos y consejos por el camino. Y sí, algunos de los conocimientos se han ganado a pulso.
Una de las primeras cosas que aprendimos en el taller fue que siempre hay que lijar la madera a lo largo de la veta si se quiere que el resultado final parezca liso. Además, hay que elegir el tipo de papel de lija adecuado para el trabajo: más grueso para el comienzo y más fino para los toques finales. Por supuesto, siempre puedes cambiar el ángulo de lijado para conseguir diferentes efectos.
Otra cosa que hemos aprendido es a estar siempre súper concentrados cuando estamos martillando clavos. Hay mucha presión para no acabar como un personaje de dibujos animados con un pulgar palpitante. Así que hay que ser cuidadoso pero decisivo, firme pero flexible. Hay mucha sabiduría filosófica que pasa por nuestra mente cuando nuestras manos están en peligro.
En algún momento, te vas a clavar una astilla. Cuando se trabaja con madera, las astillas son siempre una cuestión de "cuándo", nunca de "si alguna vez". Aunque hemos tenido algunas realmente malas, honestamente, las astillas no son tan malas como parecen en las películas y programas de televisión. Hay que recordar que no hay que dejarse llevar por el pánico.
Consigue unas pinzas o una aguja, esterilízalas y jala o empuja suavemente la astilla para sacarla. Solo recuerda que no debes apretar la astilla porque podrías romperla. Cuando termines, limpia la herida. Si no tienes éxito o sucede algo inesperado, no seas tímido y pide ayuda. Un vecino amable o tu médico local podrían ayudarte.






















