La inspiración para los retratos surgió tras su estadía en un goshitel, como también se conoce a estos lugares, que servía como refugio para personas pobres que no tenían donde dormir. Se dedicó durante 10 meses a plasmar en imágenes la vida de sus vecinos. El joven logra introducirse en la intimidad de este modo de vida que, para muchos, es la única opción que los salva de no vivir en la calle. Las fotografías, por momentos, transmiten una sensación sofocante que se materializa en una realidad desigual.
“Al principio, tuve la noción clara de que vine aquí a tomar fotografías y que yo era diferente de todos los demás residentes. Pero viviendo allí y haciendo amistad con ellos, sentí que me estaba convirtiendo en uno más. Una noche estalló una pelea entre los residentes y vino la policía. Me sorprendió cuando un oficial de mi edad me miró; a sus ojos, yo no era diferente”, explicó. “La gente con recursos —también los de clase media— realmente no entiende que terminas en un esos lugares porque no tienes otras opciones. Me pareció oportuno contar esa historia”, continuó.
Vivir en un goshiwon afectó mentalmente a Kyu-dong, ya que la atmósfera de ese lugar puede alterar la autoestima. Las dificultades económicas y los límites casi opresores del goshitel, que podemos observar en las fotografías, pueden generar un impacto negativo en la salud mental de una persona que se encuentra en esas circunstancias.
Si desean conocer más sobre las goshiwons, en este video, el estudiante Hwang Hyun-dong nos muestra cómo es su vida en una de estas habitaciones en primera persona.
Este tipo de viviendas existen hace alrededor de 50 años. Se pensaron inicialmente como una opción barata de alojamiento para estudiantes universitarios que necesitaban un lugar para poder estudiar para exámenes exigentes conocido como “goshi”; ese es el origen del nombre. Hoy en día, es la salida más rápida para escapar a los altos alquileres teniendo un sueldo bajo. El precio de la habitación ronda de entre los 350.000 wones hasta los 600.000 wones (aproximadamente 400 dólares) donde la diferencia está en la presencia o no de ventanas y la amplitud del cuarto.
Estos alojamientos que responden a las dispares situaciones económicas y a la creciente falta de espacio de la metrópolis, nos recuerdan a otras realidades en el continente asiático. En un artículo anterior de Bored Panda hablamos de los “cubículos - ataúd” de Hong Kong, la alarmante realidad de miles de personas que no tienen más opción que dormir en un diminuto espacio; o los pequeños apartamentos de Tokio.
Desafortunadamente, el panorama económico en Corea del Sur no parece ser para nada alentador. Hoy, los jóvenes surcoreanos se enfrentan a una durísima realidad: además de la crisis habitacional, la mayoría de ellos se encuentran increíblemente endeudados y con inestabilidad laboral. Como consecuencia de esto, la tasa de suicidios es cada vez mayor.
En esta entrevista, el joven Kim Keunha no dudó en comparar la desesperada situación que viven los millennials surcoreanos con la popular serie de Netflix “El juego del calamar”, y afirmó “Si alguien me dijera que ahora mismo puedes jugarte la vida para que te quiten las deudas y hacerte multimillonario, lo haría sin dudarlo". Como muchos otros de sus compatriotas, para subsistir Kim debe recurrir a los préstamos rápidos y a sus 4 tarjetas de crédito, de las cuales lucha para llegar a pagar el mínimo cada mes. Es que luego de la crisis financiera asiática de 1997, ha habido un boom crediticio, por lo que incluso las personas con bajos ingresos tienen un acceso fácil al crédito. Aunque son los mayores perjudicados, la crisis económica no solo afecta a los jóvenes surcoreanos: los ciudadanos de clase media que cuentan con un trabajo estable y remunerado también conviven con altos niveles de endeudamiento.
Ustedes, Pandas, ¿conocían esta situación que se vive actualmente en Corea del Sur? ¿Qué opinan al respecto? Nos interesa saber qué piensan, ¡los leemos en los comentarios!























