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Para saber por qué nos enojamos de manera irracional por cosas pequeñas y cómo controlarlo, en Bored Panda nos acercamos a Helen Marlo, una psicóloga clínica y psicoanalista junguiana licenciada, que provee psicoterapia, psicoanálisis y consultas. Helen también es profesora de psicología clínica y directora en la Universidad de Notre Dame de Namur.
“A menudo, nos enojamos desproporcionadamente por cosas pequeñas porque estas situaciones pueden ser temporarias y fáciles de confrontar, controlar o resolver, no amenazan nuestra seguridad, y los sentimientos que nos generan son más sencillos de exteriorizar ”, dijo Helen.
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Pero resulta que “podemos engañarnos a nosotros mismos haciéndonos sentir que tenemos una voz o que nos ocupamos de algo que nos estresa, cuando, en realidad, permanecemos aislados y evitamos lidiar directamente con los problemas más dolorosos, traumatizantes o complicados, que dejamos fuera de nuestra consciencia”.
La psicóloga advirtió que “mientras más cosas importantes expulsemos de nuestra conciencia, sin enfrentar lo que ocurre en nuestras vidas, más nos enojaremos por cosas pequeñas y poco amenazantes”. Helen explicó que “no solemos ser conscientes de la forma en que las cosas insignificantes que nos enfurecen están, a menudo, conectadas con emociones, recuerdos, pensamientos, sensaciones e imágenes más significativas”.
Añadió: “Este material interno conforma nuestros complejos psicológicos personales, que están asociados a relaciones y experiencias intensas. Se necesita muy poca provocación para que se activen”.
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Resulta que desentrañar de qué se tratan estas reacciones no es algo tan simple, y requiere que “enfrentemos nuestras defensas y seamos conscientes de nuestros problemas, lo que requiere de un trabajo psicológico”, nos contó Helen.
Además, las cosas que nos hacen enojar más seriamente suelen estar relacionadas con cuestiones complejas, emocionales, significativas, personales y complicadas. “A menudo, tenemos pensamientos y emociones contrapuestas sobre estas situaciones. Esto significa que nos sentimos conflictuados sobre ellas, y puede que estén relacionadas con nuestras heridas o traumas”. Helen explicó que “con frecuencia, las situaciones que nos enojan más seriamente son más difíciles de evadir, escapar, influenciar o controlar”.
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Cuando le preguntamos por qué no solemos tener esa explosión de ira repentina y abrumadora al lidiar con esas situaciones, Helen dijo que todo se reduce al hecho de que “son difíciles de resolver, por lo que nuestras defensas psicológicas aparecen para ayudarnos a manejar el estrés y la ansiedad, y poder seguir funcionando”.
Continuó: “Por ejemplo, podemos llegar a negar, minimizar, suprimir, reprimir e incluso disociar cosas graves, de forma consciente”. Aun así, la psicóloga advierte que este tipo de afrontamiento no puede sostenerse y, eventualmente, nos alcanza. Además: “Puede resultar en ira irracional hacia cosas que parecen insignificantes”.
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Si no podemos lidiar con situaciones que nos enojan y estresan, al menos podemos controlar cómo nos comportamos en torno a ellas. Cuando le preguntamos cómo podemos tener una mejor relación con nuestra ira, Helen dijo: “primero, toma nota de cuando tienes una reacción exagerada o intensificada, especialmente, durante una situación de poca importancia”.
Estas reacciones excesivas pueden indicarnos que somos vulnerables y que necesitamos tomar una pausa para estar más atentos y conscientes durante ese momento, argumentó. “Cuando nos enojamos por algo que parece menor, la ira puede sentirse autónoma, como si tuviera una mente por sí sola, y podemos sentirnos fuera de control. Esta es una señal de que nos encontramos ante un complejo psicológico y no en una relación buena y consciente con nuestra ira”.
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Solo “cuando nos damos cuenta de esto, puede ser un buen momento para cambiar de lugar, de entorno, conectarse a tierra o cambiar nuestra posición física para ayudarnos a salir de las emociones fuertes que nos impiden ser conscientes”.
Según Helen, una vez que estamos en el presente, podemos tomar los siguientes pasos y hacernos dos preguntas básicas: “¿Qué estoy notando dentro mío?”, y “¿Sobre qué otra cosa podría tratarse esta situación?”.
“Esto puede ayudarnos a conectar con las emociones, los recuerdos, las imágenes, las sensaciones y los pensamientos que podrían haber estado dando vueltas en nuestro interior durante este evento aparentemente insignificante”, explicó la psicóloga. Añadió que “esto también puede volvernos más conscientes sobre cómo las situaciones pequeñas pueden estar relacionadas con otros problemas más importantes de nuestras vidas”.
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En Bored Panda también hablamos con Lise Deguire, psicóloga clínica y autora galardonada de Flashback Girl: Lessons on Resilience From a Burn Survivor, quien nos contó que en verdad existe una paradoja, dado que a veces podemos manejar el estrés grave pero luego perder completamente la paciencia en algo trivial.
“Creo que las personas suelen estar preparadas para lidiar con mucho estrés. Si sabemos que tenemos algo difícil por delante, nos preparamos para manejarlo. Y, usualmente, nos ocupamos bastante bien de esas cosas importantes”, explicó Lise.
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“Pero después, cuando tan solo una pequeña cosa más sale mal, perdemos el control. Puede sentirse como algo profundamente injusto, ya que nos esforzamos mucho por manejar problemas graves, y luego surge un inconveniente más”, dijo.
La buena noticia es que, muchas veces, podemos lidiar mejor con esta ira si cambiamos nuestras expectativas. “Es bueno asumir que podemos llegar a tener dificultades, y que nuestros planes pueden no resultar exactamente como lo esperamos. Es prudente asumir que las personas, ocasionalmente, se comportarán mal o nos decepcionarán”, explicó Lise.
“Yo, por ejemplo, intento dejar tiempo extra en mis planes, asumiendo que mis proyectos pueden no salir como lo esperaba y que, con frecuencia, salen mal”.
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Por otro lado, las cosas que ponemos en práctica no siempre son tan simples. Según Lise, a veces, incluso cuando cambiamos nuestras expectativas, podemos enojarnos. “Si te encuentras abrumado por la ira, intenta tomarte un descanso. Date a ti mismo algo de tiempo libre. Si es posible, aléjate de lo que te frustró. Toma algo de aire fresco. Respira profundamente y, mientras lo haces, intenta no volver sobre tu enojo”.
La psicóloga nos recuerda que “algunas veces, la vida es enervante. Todos lo sabemos. Pero con un breve descanso, usualmente podemos dejar ir a las pequeñas frustraciones y volver a disfrutar de nuestro día”.
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