No se trata solo de mensajes a los que acercarse con cautela en Internet. Las redes sociales están difuminando cada vez más las líneas entre nuestra vida personal y profesional, dejándonos en riesgo de publicar información confidencial que podría tener ramificaciones mucho más allá de nuestra lista de seguidores.
El año pasado, la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, descubrió esto de la manera más difícil después de que se filtrara a la prensa un video de ella bailando y bebiendo con amigos, publicado por primera vez en una cuenta privada de Instagram. Marin se vio obligada a disculparse, e incluso se ofreció voluntariamente a hacerse una prueba de drogas, después de que una tormenta mediática mundial se desplomara sobre ella.
Las investigaciones revelan que casi el 40% de los usuarios de Internet de entre 18 y 35 años se han arrepentido de haber publicado información personal sobre ellos mismos, y el 35% se han arrepentido de haber publicado información personal sobre un amigo o familiar.
El 57% de las personas de 18 a 35 años piensan que la gente comparte demasiado sobre sus pensamientos y experiencias personales, y casi los mismos sienten que la tecnología les está robando su privacidad.






















