Desde un principio, es importante recordarles a todos que su propia seguridad es lo primordial. Aunque a algunos les resulte difícil resistirse al llamado de la aventura, es vital suavizar esa pasión con un poco de prudencia.
Antes de ir a cualquier lugar abandonado y potencialmente peligroso que está en un mapa viejo, deben informarles a algunas personas sobre el lugar exacto al que van a ir. Así, en caso de que haya una emergencia y se lastimen, ellos o las autoridades sabrán a donde ir a buscarlos. Lo que tratamos de decir es que no les oculten a sus seres queridos que van a visitar lugares abandonados.
Al mismo tiempo, los exploradores urbanos deberían saber que esta no es una actividad para hacer sin compañía. Aunque todo el mundo quiera sentirse el protagonista, es importante resaltar que siempre es necesario tener un compañero de viaje.
Dos cabezas son mejor que una, especialmente cuando se trata de atravesar unas ruinas (posiblemente) embrujadas y (potencialmente) plagadas de trampas, en busca de tesoros y gloria. Y dos pares de ojos es mucho mejor: hay una gran posibilidad de que puedan detectar el peligro con más anticipación. Y si uno resulta herido, el otro puede pedir ayuda. Así que llevar a otra persona debería ser uno de los objetivos principales… siempre y cuando no sea alguien que no tenga idea del tema.
Infórmense sobre las leyes y las reglas relativas sobre la exploración urbana de la zona. Si se cruzan con las autoridades durante estas exploraciones, no se olviden de ser educados y amables. No sean hostiles o groseros con las personas que solo quieren mantenerlos a salvo y evitar que la propiedad sufra daños.
Antes de salir, deberían dedicarle un poco de tiempo a investigar el lugar al cual van a visitar. Infórmense sobre su historia, familiarícense con el entorno y hablen con los exploradores que ya han ido a ese lugar antes. Aunque no se pueda estar preparado al 100% para todas las situaciones de la vida, hacer algunos preparativos pueden evitar muchos dolores de cabeza.
Ante todo, no corran riesgos innecesarios. Por lo general, siempre hay un camino alternativo para llegar a donde quieren ir. Así que mantengan la cabeza fría y recuerden escuchar a su instinto. Si sienten que algo anda mal, probablemente sea así.
Otra cosa que hay que tener en cuenta es la hora del día a la que van a salir a explorar. Es mejor hacerlo cuando hay sol. En primer lugar porque hay mucha luz, podrán ver mejor y evitar las caídas desagradables y los clavos oxidados. Y en segundo lugar, si se meten en problemas, es mucho más fácil que los encuentren de día que de noche.
Por último, hay una regla no escrita entre los exploradores urbanos: lo mejor es dejar los lugares que visitan tal y como estaban. Eso significa que no deben llevarse ningún “recuerdo” a casa. Las fotos están bien, pero los objetos deben quedarse donde están.




















