¿Alguna vez te has dado cuenta de que has conducido hasta casa sin prestar mucha atención a la carretera? Los científicos que estudian el cerebro han descubierto que cuando nuestra mente divaga, cambia al modo de “piloto automático”, lo que nos permite realizar nuestras tareas de manera eficiente, precisa y sin esfuerzo consciente.
Esto es gestionado por un conjunto de estructuras cerebrales llamado red de modo predeterminado (DMN). Fue descubierto en la década de 1990 después de que los investigadores notaran actividad cerebral en personas, a pesar de que no estaban haciendo nada. Esta detección fue la primera evidencia de que nuestro cerebro está activo incluso cuando no lo ponemos a trabajar conscientemente.
Otra razón por la que algunas cosas pasan desapercibidas para nosotros se llama habituación. Esta ley casi universal de la psicología afirma que dejamos de notar algo que vemos u oímos repetidamente. La mayoría de nosotros estamos familiarizados con el logotipo de Apple y lo vemos todos los días, pero lo más probable es que no podamos recordar sus detalles.
A menudo pasamos por alto cosas triviales de la vida porque no importan tanto. Tomemos como otro ejemplo el sonido de un despertador por la mañana. Cuando eliges un nuevo tono de llamada, el ruido te despierta más rápido, ya que inicialmente le prestas más atención y te distrae. Después de un tiempo, te acostumbras al sonido y tu respuesta disminuye.
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Como resultado, esta capacidad nos ayuda a centrarnos en las cosas que son más importantes. De hecho, la habituación ocurre regularmente en nuestra vida cotidiana cuando estamos aprendiendo, incluso si no nos damos cuenta.
Nos permite desconectar de estímulos no esenciales y centrarnos en las tareas que realmente exigen nuestra atención. Por ejemplo, si estás estudiando con la televisión encendida de fondo, el ruido puede distraerte al principio, pero tu cerebro te permite desconectar y centrar tu atención en el material que tienes entre manos.
Y si alguna vez sientes que ya no puedes oler tu perfume, no es porque haya caducado o hayas perdido el olfato; lo más probable es que hayas dejado de notarlo. Otras personas a tu alrededor aún detectan el olor, aunque tú no te des cuenta.
Esto también puede sucederle a nuestras emociones cuando estamos constantemente expuestos a una gran cantidad de malas noticias y publicaciones negativas en las redes sociales. Curiosamente, los estudios han demostrado que acostumbrarnos a que las personas experimenten cosas negativas hace que sea menos probable que ayudemos. Por ejemplo, los músicos callejeros y las personas sin hogar pidiendo dinero son algo tan común para las personas en las grandes ciudades que podrían sentirse menos inclinados a ayudarlos.
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La habituación puede tener otras consecuencias en la vida real, incluidas nuestras interacciones sociales. Puede disminuir el interés o la sensibilidad hacia las necesidades o emociones de una pareja. La pareja podría darse por sentado, lo que puede provocar desacuerdos a largo plazo.


















