Al ojear estas entradas, es posible que te encuentres con una foto que, a primera vista, parece una emotiva proposición de matrimonio. Y en cierto modo lo es, pero no por las razones que cabría esperar. En lugar de un diamante, el anillo está coronado por... una cebolla, ¿y la mujer que se limpia los ojos? Es Débora Silva, y nos pusimos en contacto con ella para conocer mejor la historia creativa que hay detrás de esta idea.
Débora es una artista lisboeta que trabaja en escultura y diseño de joyas, conocida por sus creaciones poco convencionales en las redes sociales. «Mi camino hacia la joyería no fue sencillo», explica. «Estudié escultura y me especialicé en cerámica. Después de mudarme a Londres, me sumergí en el arte digital y pronto empecé a imprimir mis esculturas en 3D, lo que finalmente me llevó a crear joyas. En este momento, me interesa crear piezas lúdicas mezclando materiales tradicionales, como la plata y el oro, con objetos cotidianos.»
El anillo de cebolla, tan sencillo como ingenioso, surgió durante un momento espontáneo en la cocina.
«No es raro ver en las redes sociales muchas fotos de parejas de novios en las que alguien llora», dice Débora. «Sinceramente, fue durante un momento en el que mi pareja y yo empezábamos a discutir la idea de casarnos y, por alguna razón, no podía dejar de preguntarme si alguno de los dos lloraría. Curiosamente, estaba cocinando, concretamente cortando cebollas, y la idea del anillo de cebolla me vino a la cabeza».
«Por si alguno tiene curiosidad, ninguno de nosotros lloró. Al contrario, nos reímos histéricamente».
La imaginación de Débora no se limita a los anillos vegetales que provocan lágrimas; también ha diseñado piezas con velas, bengalas y flores. Y su visión artística tampoco se limita a la joyería: su feed está lleno de imágenes llamativas, como uñas cubiertas de espinas que podrían pasar fácilmente por accesorios.
Impresionado por su trabajos, preguntamos a Débora dónde encontraba su inspiración. «En todas partes y en todo», dice. «Incluso cortando cebollas».
Tener un don para la creatividad es admirable, pero no hace falta ser un artista para inspirarse en el entorno y convertirse en una persona creativa. De hecho, las investigaciones sugieren que practicar pequeños actos de creatividad en la vida diaria puede aumentar significativamente nuestra sensación de bienestar.
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