
Para mantener el secreto del proceso electoral, la tradición de quemar papeletas electorales se remonta al menos al siglo XV.
Cuando se instaló una chimenea en la Capilla Sixtina en el siglo XVIII, el humo que emanaba de la quema de papeletas no pretendía ser una señal pública. Sin embargo, los espectadores comenzaron a interpretarlo como resultado del proceso de selección.
Con el tiempo, el humo se volvió habitual y su color, deliberado. Se utilizan sustancias químicas específicas para crear el humo negro (de "aún no hay papa") y el blanco (¡de que ya tenemos papa!).
Ahora bien, ¿se puede crear humo rosa para revelar el género? Bueno, químicamente debería ser posible. Pero ¿qué diría el Vaticano?
Cuando se instaló una chimenea en la Capilla Sixtina en el siglo XVIII, el humo que emanaba de la quema de papeletas no pretendía ser una señal pública. Sin embargo, los espectadores comenzaron a interpretarlo como resultado del proceso de selección.
Con el tiempo, el humo se volvió habitual y su color, deliberado. Se utilizan sustancias químicas específicas para crear el humo negro (de "aún no hay papa") y el blanco (¡de que ya tenemos papa!).
Ahora bien, ¿se puede crear humo rosa para revelar el género? Bueno, químicamente debería ser posible. Pero ¿qué diría el Vaticano?
