Si hay algo que nunca deja de sorprendernos es la cantidad de conocimientos que hay en el mundo. Podemos pasarnos toda la vida tratando de dar sentido a nuestro entorno recopilando nueva información cada vez que podemos. Una ventaja adicional es que podemos animar las conversaciones aburridas y aportar nuevas ideas brillantes para mejorar este planeta.
Sin embargo, la mayoría de las veces aplaudimos y celebramos los avances tecnológicos que los humanos conseguimos crear y también la hipnotizante belleza del mundo natural. Seamos sinceros, los hechos perturbadores y aterradores de la vida real pueden llamar nuestra atención, pero están destinados a provocar escalofríos. Claro, es mejor prevenir que curar, pero ¿quién quiere saber realmente sobre supervolcanes masivos o armas nucleares desaparecidas que nunca se han recuperado? Eso es material de pesadilla.





















