Necesitamos reglas. Aparte de que nuestro cuerpo sigue unas leyes biológicas muy estrictas y complejas, sin las cuales ni siquiera seríamos, hasta las propias palabras que utilizamos siguen principios universalmente acordados. Como éste, llamado español.
La economista política Elinor Ostrom (que compartió el Premio Nobel de Economía en 2009) observó el fenómeno de la construcción espontánea de reglas cuando la gente tenía que gestionar colectivamente recursos como la tierra, la pesca o el agua de riego.
Descubrió que las personas construyen juntas reglas sobre, por ejemplo, cuántas cabezas de ganado puede pastar una persona, dónde y cuándo; quién recibe cuánta agua y qué debe hacerse cuando el recurso es limitado. Estos acuerdos suelen surgir de las necesidades de las interacciones sociales y económicas mutuamente consensuadas.
Pero en el otro extremo del espectro tenemos a los poderosos, que imponen su manera de hacer las cosas desde arriba. Esto es excepcionalmente evidente en las instituciones. Para demostrar que no es necesariamente eficaz, echemos un vistazo a
un hilo de Reddit creado por el usuario
ObviousEntertainer con la pregunta: "¿Cuál es la regla más tonta que tuviste en la escuela?".