No hace falta ser un gran observador para notar ciertas similitudes entre las personas del círculo íntimo de Donald Trump: maquillaje pesado y “pastoso” con pestañas postizas, el famoso “peinado texano”, bronceado artificial, nariz respingada, relleno en los labios y bótox exagerado.
En conjunto, estas características conforman lo que se conoce como el “rostro Mar-a-Lago”, un aspecto que es sinónimo de artificialidad y falta de sutileza.
Mar-a-Lago es el complejo de Trump en Palm Beach, Florida, que adquirió en 1985. Según se informa, la propiedad cuenta con 126 habitaciones y 5.810 m², y funciona como la segunda Casa Blanca no oficial, donde el presidente invita a muchos de sus aliados más cercanos.
En las redes sociales, se inició un debate sobre esta estética después de que los usuarios empezaran a compartir imágenes del antes y el después de hombres y mujeres que trabajan en la Casa Blanca o están directamente relacionados con el presidente de los Estados Unidos.
Amanda Till, una empresaria tecnológica, declaró en The New York Post que recientemente ha gastado alrededor de 55.000 dólares en varios procedimientos estéticos para sentir que encajaba.
“Muchos de los que apoyamos al presidente queremos lucir lo mejor posible”, dijo la visitante de Mar-a-Lago. “Eso te hace sentir que formas parte de algo. Aquí todos son alguien”.
Estas son diez de las transformaciones más comentadas que encarnan el look “Mar-a-Lago”.