Nuestra cultura está bastante obsesionada con ser joven. Tratamos de preservar nuestros cuerpos físicos de los signos del envejecimiento durante el mayor tiempo posible. Comercializamos todo en función de si a los jóvenes les gusta o no. Pero hay un lugar en el que ser joven es una desventaja: cuando se tiene el
puesto de jefe.
Los supervisores jóvenes reciben faltas de respeto de los clientes (y también de los empleados) muy a menudo. Una persona online quería saber si los jefes jóvenes se encuentran con clientes irrespetuosos a menudo y cómo responden a sus demandas de hablar con el gerente. Entonces,
preguntó: "Propietarios de pequeñas
empresas, que parecen demasiado jóvenes para ser dueños de la empresa, ¿cuál es vuestro momento favorito en el que dijistéis 'YO SOY el jefe, señora'?" Contentos de tener un espacio para compartir sus ingeniosas refutaciones, cientos de jefes jóvenes contaron sus historias.