Muchos de nosotros usamos la palabra karma con bastante naturalidad. ¿Alguien te cierra el paso en el tráfico y lo detienen un kilómetro después? Karma. ¿Un compañero de trabajo se atribuye el mérito de tu trabajo y luego arruina una presentación? Karma.
Nos encanta verlo y nos encanta denunciarlo. Pero el verdadero significado del karma es mucho más profundo que un momento satisfactorio de retribución cósmica.
Según WebMD, el karma es un concepto arraigado tanto en el hinduismo como en el budismo. Si bien ambas tradiciones lo abordan de forma ligeramente distinta, la idea central es la misma. En el hinduismo, el karma describe la relación entre las acciones de una persona y sus consecuencias, abarcando no solo esta vida, sino también las anteriores. El budismo se centra en el principio de causa y efecto, según el cual el resultado de una acción depende no solo de lo que se hizo, sino también de por qué se hizo. La intención es tan importante como el acto en sí.
Vale la pena saber en qué se diferencia el karma de un concepto relacionado llamado dharma. Mientras que el karma se centra en las consecuencias de tus decisiones, el dharma se centra en el deber de tomar las decisiones correctas desde el principio.
Es la idea de que existe un orden moral en el universo y que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de defenderlo siendo compasivo, asumiendo la responsabilidad y tomando decisiones basadas en lo que es realmente correcto.
Incluso para quienes no creen en el karma en ningún sentido espiritual, la lógica subyacente se mantiene. Tratar mal a los demás tiende a generar resentimiento, que a su vez, se vuelve en contra y dificulta la vida. Quienes sí creen en el karma quizás sean más propensos a actuar con amabilidad, porque comprenden que la forma en que tratan a los demás influye en lo que reciben a cambio. Ya sea que lo llames karma o simplemente sentido común, las matemáticas suelen funcionar de la misma manera.
Pero independientemente de tus creencias, sigue siendo sorprendente la frecuencia con la que las personas parecen genuinamente impactadas cuando sus decisiones les pasan factura. Los investigadores Christopher Rodriguez y Daniel Oppenheimer le han dado un nombre: negligencia por consecuencias.
Es la tendencia a concentrarse tanto en resolver un problema o conseguir lo que se desea que simplemente nunca se piensa en lo que realmente desencadenarán las acciones. Y, según ellos, le sucede a casi todo el mundo, desde líderes mundiales hasta padres y personas que toman pequeñas decisiones en su vida cotidiana..
Lo que nos lleva de vuelta a cada publicación de esta lista. Podríamos decir que el universo interviene o que el destino imparte justicia, pero lo que estas situaciones demuestran con certeza es que la gente tomó decisiones sin pensarlas bien y se enfrentó directamente a las consecuencias. Lo curioso es que, con un poco más de reflexión, la mayor parte podría haber sido muy diferente. Al menos hay una lección ahí.



















