La reputación de los graffitis no es la que solía ser. En su día eran una molestia, una señal de criminalidad y degeneración social, pero ahora hay cada vez más ciudades que dan la bienvenida a artistas urbanos creando zonas para ellos, o encargando a artistas que decoren viejos edificios con murales. Por supuesto, los graffitis varían mucho en lo que se refiere a complejidad y atractivo para las masas, y muchos argumentan que elegir el tipo de arte callejero que es socialmente aceptado es solamente crear una versión saneada de la forma tradicional de expresión, ya que hasta los garabatos más simples cumplen la función de expresar una opinión, frustración o afirmación de alguien que quiere ser escuchado.
La mayoría de graffitis que aquí os mostramos son de esta última categoría, pero todos tienen algo en común: fueron puestos ahí para que quienes lo vieran se rieran, sonrieran o pensaran.