


Los vikingos, que vinieron de Escandinavia, usaban el hierro como ingrediente principal para forjar armas, pero también era una práctica común agregar huesos de animales muertos a la mezcla. La creencia era que infundiría al arma el espíritu de la criatura, haciéndola más fuerte, pero terminaron haciendo una versión primitiva de acero debido a que el carbono de los huesos se mezclaba con el hierro, lo que hacía que el arma fuera más fuerte, tal como pensaban que sería.




Un invasor envió una carta a Esparta diciendo "Si invadimos Laconia, seréis destruidos y nunca volveréis a alzaros." Y los espartanos le devolvieron la carta con una sola palabra: "Si".







