Aunque se le conoce sobre todo por haber escrito la famosa novela infantil
El Principito,
Antoine fue también periodista, aviador y poeta.
Fueron sus conocimientos de aviación los que acabaron provocando su desaparición en julio de 1944, cuando se embarcaba en una misión de reconocimiento desde la isla francesa de Córcega sobre el Mediterráneo, en preparación de la invasión aliada del sur de Francia.
Sin embargo, Saint-Exupéry no realizó esta misión por amor a su país, ya que los historiadores cuentan que Charles de Gaulle, general francés del régimen de Vichy, al que Exupéry no apoyaba, le obligó a aceptar el puesto.
Al parecer, el novelista se deprimió por su nombramiento y empezó a beber en exceso, por lo que los miembros de la fuerza aérea discutieron su expulsión debido al deterioro de su salud física y mental.
Aunque nunca se recuperó su cuerpo, un pescador encontró su brazalete plateado identificativo en septiembre de 1998. En mayo de 2000 se descubrieron los restos de su avión, que actualmente se exponen en el Museo Francés del Aire y del Espacio.