La
publicidad está hecha para llamar la atención, pero no así. Desde letreros con errores tipográficos desafortunados hasta pantallas digitales congeladas en el escritorio de Windows, estos
errores demuestran que incluso las marcas más grandes pueden hacer el ridículo. Claro que no todos los
fracasos se deben a un mal juicio o a la inexperiencia. Algunos son simplemente resultado de la mala suerte. Pero cuando te diriges al público, es tu responsabilidad asegurarte de que el mensaje llegue como se pretende. Si no... Bueno, es tu culpa.