En Zaragoza se alza una escultura titulada La Mujer Que Nunca Hizo Nada. Creada por José Luis Fernández, aborda con sutileza una contradicción común. La figura se inclina bajo el peso de lavadoras, cubos y escobas apiladas sobre su espalda, pero aun así sigue sosteniendo las manos de sus hijos. Su postura refleja la realidad del trabajo de cuidados como una labor constante, física e interminable, que se realiza incluso cuando la responsabilidad nunca cesa. El mensaje es inequívoco: este trabajo no remunerado sostiene a las familias y a la sociedad, pero a menudo se lo menosprecia como si no fuera nada. La escultura nos invita a reconocer la carga, el esfuerzo y a valorar el trabajo que siempre ha estado presente.