"Mi nombre es Tracey. Soy una madre de 45 años. En 2012, mi médico de cabecera me diagnosticó un resfriado común que empeoró drásticamente. Se me administró medicación para el resfriado, la cual me hizo sentir fatal. Llamé al 999 y alguien vino a verme. Dijeron que todo estaba bien. Todo estuvo bien durante 40 minutos o algo así. Le pedí a mi hija que hiciese la cena, y después me fui al piso de arriba a tumbarme -y no me desperté. Mi hija llamó al 999 y ella y mi amiga Chyle se subieron en una ambulancia de camino al Kings College Hospital. Cuando desperté, me sentía confusa. No reconocía a mi hija ni a mi amiga. Me hicieron un escáner y descubrieron que tenía dos tipos de meningitis. Se me indujo un coma durante un mes. Cuando desperté, no podía hablar. Mi hija venía a verme a diario -podía escucharla pero no podía responder, lo cual me enfadaba. Después descubrí que me habían puesto tubos de alimentación en la garganta -me dijeron que no dejaba de intentar arrancármelos. Estuve en cuidados intensivos durante más de dos meses antes de tener un ataque al corazón. Mientras sufría el ataque, los médicos encontraron un tumor en una válvula de mi corazón y un agujero en el corazón. Reemplazaron la vávula con una de titanio que hace tic tac como un pequeño reloj. Después de la operación me pasaron de vuelta a cuidados intensivos, pero esta vez estaba en una habitación aislada por la meningitis y la recuperación. Después de un mes me hicieron una traqueotomía, la cual me permitió hablar y comunicarme con los médicos, las enfermeras y mi familia. Durante un tiempo no pude hablar bien y solo podía comunicar lo básico y hablar un poco. Me resultaba difícil entender a los otros, pero lo intentaba con respuestas de una palabra. En abril me enviaron al ala de neurología del hospital Lewisham, donde los médicos me enseñaro cosas básicas como contar, hablar, caminar, comer, beber, lavarme y vestirme. Durante el primer mes no podía andar bien así que me dieron una silla de ruedas -y después un andador para caminar por los pasillos del ala llamado "Frank Cooksey". Los cocineros del ala no dejaban de alimentarme ya que tenía una talla 2-4. Después de semanas caminando por el ala del hospital, me dejaron caminar por el hospital con familia, amigos y equipo del hospital."