
A menudo veíamos la primera nevada desde casa, a través del cristal de la ventana.


Junto a nuestro lago secreto, al que solíamos saltar para nadar durante los veranos más cálidos.






Al crecer en el campo, siempre había nuevos caminos emocionantes que explorar. A veces me perdía, pero al final siempre encontraba el camino a casa.




