En la vida, hay cosas que podemos controlar y otras que no. Pero lo más difícil es que basta un instante de lo incontrolable para anular por completo todo el esfuerzo de lo controlable. Así de injusta e inevitable es la
mala suerte.
Lamentablemente, estas pobres almas tuvieron que aprender esa lección por las malas. Lo que vivieron es tan absurdamente
desafortunado que es difícil no sentir lástima por ellas, aunque también te dé un poco de risa. Sigue leyendo y bríndales tu apoyo, porque se lo merecen de sobra.