En realidad… tengo bastantes. Pero uno que sucedió recientemente destaca más.
Crecí en una zona muy rural, en la que había granjas de cultivos por todas partes. A casi 2 km de la casa de mis padres, había una casa de campo vieja y abandonada que todos los niños de la zona decían que estaba encantada. Se metían en la casa después del anochecer, cosas típicas de niños, pero creo que hay cosas en este mundo que es mejor dejar en paz y nunca fui.
Pasaron los años, y la casa estaba en tan mal estado que finalmente la demolieron, pero dejaron un viejo granero. Bueno, gano un poco de dinero vendiendo fotos de lugares abandonados, así que quise tomar una foto del granero. Estacioné en la ruta y caminé por la senda unos 3 metros hasta que no pude hacerlo más. Mis pies no avanzaban, se disparó mi adrenalina y rompí a llorar. Así que me di la vuelta y corrí hasta mi auto. No me sentí segura hasta que pasé por un arroyo cercano que hay que cruzar para llegar allí.
No le presté mucha atención, pero unos meses después tuvimos que pasar frente a la propiedad después de la cena de Navidad en lo de mis padres, y había una criatura parada en el camino. Me recordó al fauno del Laberinto del fauno, era muy alto con una cabeza ancha y cuernos o astas, pero los ojos estaban más hacia el costado de la cabeza.
Volví a sentir la adrenalina y me eché a llorar, pero traté de mantener la calma porque no quería asustar a mis hijos. Mi esposo me preguntó si estaba bien, y solo dije: “Viste eso, ¿no?”.
“Sí”.
“¿Era humano?”.
“No”.
Nunca más quise conducir por ese camino.