"Hace 10 años tuve un accidente de moto con mi padre estando de vacaciones en Tailandia. Fue alrededor de las 9pm, estábamos volviendo de la cena y un coche que venía en dirección contraria invadió nuestro carril. Mi padre giró bruscamente hacia la izquierda, así que el coche solo nos dio en el lado derecho. Yo me rompí el fémur, del cual dicen que es tan duro como el cemento. También sufrí cortes y rozaduras por toda la piel, pero por suerte esos no dejaron cicatriz, aunque mi pierna rota significaba una larga cicatriz a lo largo de la cara externa del muslo.
Un par de años después descubrieron que también tenía roto un ligamento de la rodilla, me operaron y salí de ahí con seis nuevas cicatrices. Varios años después encontraron otro ligamento dañado en mi rodilla, así que más cirugía.
Ahora tengo 8 cicatrices a lo largo de la pierna, las cuales adoro, pero ya que tengo cicatrización hipertónica todas son bastante anchas y evidentes. Recuerdo la primera vez que me puse una falda después del accidente, se veían unos 2cm de cicatriz y, solo por eso, ni siquiera me atreví a salir así. Me llevó un par de años acostumbrarme a las cicatrices, que se difuminaran los suficiente como para olvidarme de ellas. No ayuda mucho cuando la gente te pide tocarlas y reacciona con grima, diciendo "ew, qué asco". Poco a poco me empiezo a dar cuenta de que no están ahí para hacerme odiar lo que sucedió. El accidente me enseñó mucho sobre paciencia y sobre sentirme agradecida por lo que tengo. Sentí que me debía a mí misma enamorarme de mi cicatriz un poco más cada vez.
10 años y 5 operaciones después, sigo sintiendo efectos físicos y psicológicos del accidente, pero no creo que cambiaría nada."