Para Crisan: «Al final, el buen gusto es una forma de cuidado: cuidar al usuario, cuidar el oficio y preocuparse por el resultado final. Es un proceso continuo de discernir entre lo que funciona y lo que no, de prestar atención minuciosa a los detalles y de mantener un compromiso inquebrantable con lo que se crea y con el público al que va dirigido». Y tal vez eso sea lo que hace que esta lista resulte tan fascinante. El esmero es evidente. La calidad artesanal suele ser innegable. Los creadores tomaron decisiones reales, invirtieron tiempo y esfuerzo auténticos y llevaron sus ideas hasta las últimas consecuencias. Lo que queda en entredicho es el criterio detrás de algunas de esas decisiones y si, en algún momento, alguien se detuvo a preguntarse: «¿De verdad deberíamos estar haciendo esto?».
#24 Dios santo



















