Hay tantas historias que merecen ser contadas, y hay muchas maneras de contarlas. Cualquiera sea el medio que usa esa voz para expresarse, siempre habrá alguien dispuesto a escuchar el mensaje. De esta forma, se establece una conexión y complicidad entre el emisor y receptor; ambos encuentran un canal para dejar fluir libremente sus sentimientos. Es así con el arte, donde se nos abre la puerta a un mundo cargado de simbolismo, propio de la mente del autor, pero de los uno puede apropiarse y resignificar.
Cuando miramos las obras de Antonio Lorente, un ilustrador español, nos topamos de lleno con delicadas pero a la vez fuertes figuras que, con su aspecto etéreo y casi fantástico, nos cuentan secretos que solo nosotros podemos oír.












