Cuando visitas un sitio emblemático, te haces un selfie delante y lo subes a Instagram. Enseguida tu madre y demás empiezan a decirte lo bien que sales, y la maravilla que está detrás de ti se vuelve eso: un fondo decorativo. Pero la artista Stephanie Leigh Rose ha encontrado una forma de documentar sus viajes sin desmerecer en nada lo que visita.











